Un día en el paraiso

Rodeada de mar cristalino, delfines, palmeras, sol que calienta y brisa que refresca…todo acompañado de una melancolía que no se quita ni con baños o caminatas por playas pristinas. ¿De dónde viene? ¿Cómo te quitas algo intangible que lo colorea todo?

Mi melancolía proviene del saber que soy parte de la futura destrucción de este paraíso, como turista que soy. Mi privilegio, mi suerte, de estar donde estoy antes de que se haya masificado el turismo-intrusismo. Es un privilegio sentirse como Robinson Crusoe caminando por arena sólo tocada por las olas y las aves. Con la gran diferencia que yo sé que me esperan con el almuerzo hecho al otro lado de la isla. No hubiese sido tan grato si no.

La melancolía también viene de que me ha bajado la regla esta misma mañana y me tiñe todos los sentimientos. Mi gratitud de que mi cuerpo funcione se mezcla con la tristeza que me provocan las hormonas. La bendición de ser mujer. Si, lo digo con ironía y con sinceridad a la vez.

La melancolía tiene su propia melodía y mi corazón late a ritmo de su son. Es el ruido distante de olas que rompen en el arrecife, el ruido de pasos solitarios por la playa, el canto del pájaro escondido en un árbol.

Melancolía sabe a sal, a langosta, a lágrimas de añoranza por los que no están y por los que están demasiado lejos.

“Que bien se está”, me comentan.

Si, que bien se está. Mi corazón se rompe. Es la única forma de hacer más espacio para meter tanto agradecimiento y amor por lo que me da la vida. ¿Será esa la función de mi melancolía?

Ha tenido un día en el paraíso. Gracias.

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Luna llena, vida nueva

A la luz de la luna llena sale de la gran oscuridad, del gran oceano, volviendo a sus orígenes. Donde un día hace mucho tiempo ella salió de su cáscara y se entregó entera a la aventura que le esperaba.

Sigue un instinto que le ha guiado hasta esa playa paradisíaca y sigue el mismo instinto con cada aletazo que da en la arena. Con paciencia va cavando su nido, medio enterrandose a si misma. Cuando está satisfecha con el nido empieza a poner sus huevos. Cientos de ellos.

Acabado su labor se girará nuevamente hacia el mar y se dejará llevar por la corriente. Su gran aventura continúará. Detrás de ella, en la arena, deja el legado suyo y de su especie. En 30 días exactos esas cáscaras se romperán. La vida nueva se guiará por su instinto buscando el mar para empezar su propio viaje.

A la luz de la luna llena le observo, manteniéndome callada e inmóvil. Se que si se siente amenazada o algo le interrumpe se irá. Me gustaría ayudarle aunque se que sólo molestaría. Me gustaría tocarle y transmitirle cuanto le admiro. Pero me mantengo al margen. No es mi sitio. Mi corazón se llena de alegría y mis ojos de lágrimas. Que increíble es la vida. ¡Que fuerza tiene! A la vez que es totalmente vulnerable.

Unos turistas se acercan. Hablan en voz alta, usando sus teléfonos para alumbrar la arena donde está haciendo su nido. Que poco respeto y tanta ignorancia. Menos mal hay un guardián que se acerca y les aleja de ahí. Les explica lo delicado que es ese momento. Que lo pueden estropear todo. Se vuelven a acercar, ahora con algo más de cuidado. Que poco sabemos sobre el mundo que nos rodea. Cuando nos encontramos con algo nuevo lo primero que se nos ocurre hoy en día es sacarle foto. Si no hay foto, no lo hemos vivido.

Pues no tengo fotos. Pero si que lo he vivido. Lo llevo en mi corazón. Las sensaciónes de humildad, de agradecimiento y alegría que me inspiró el momento siguen conmigo.

Con el corazón en las nubes

Viernes por la noche. Hemos reservado mesa en el restaurante de enfrente para celebrar mi cumpleaños y el hecho de que estamos las 5 que compartimos piso en Madrid a la vez. Muy rara vez coincidimos todas. Tres tienen vuelo al día siguiente y yo y otra tenemos guardia. Somos todas del gremio aún que en diferentes compañías. ¡Pues a celebrar! Con moderación pero el ánimo está a tope. Pasamos una velada muy a gusto.

Al día siguiente me levanto 10 minutos antes de que empiece mi guardia. Preparo el desayuno mientras algunas se arreglan para ir a trabajar. Me cuentan que han llamado a la compis de guardia y que ya se ha ido al aeropuerto. “Uf pobre” fue mi comentario. De repente suena mi teléfono. ¡Una llamada! Ooh no…pero es falsa alarma. Es una amiga. Le pido que no me llame más ya que estoy de guardia y me da un infarto cuando suena el teléfono. A todo esto sigo en pijama. Voy preparándome para repasar procedimientos y mirar información que nos ha dado la empresa por email. ¡Vuelve a sonar el teléfono! Mi amiga otra vez. Que le daba pereza escribir…en fin. Le quiero mucho y se lo perdono. 😉 Al rato de colgar vuelve a sonar el teléfono. Voy para contestar y ya estoy formulando algo sarcástico como saludo, cuando veo que es un número largo. Oh oh eso suele ser la oficina. Efectivamente. Que ha salido un subcharter y que tengo que estar en el aeropuerto a las 15hrs. Bueno, tengo un par de horas para preparar. Las compis de piso flipando. Nos vamos todas a volar éste sábado. Lo mejor de todo es que acabaré el día en Gran Canaria. Mi casa, pero con hotel y desayuno incluido. Llamo a mi madre y quedamos de vernos en el hotel al día siguiente por la mañana. El vuelo aun que fácil sufrió retraso y al final llegamos super tarde a Las Palmas.

Al día siguiente me cuesta levantarme pero he quedado con un amigo para tomar un café antes de ver a mi madre. La buena compañía, el cafecito y la brisa marina me despiertan rápidamente. Desayuno luego con mi madre y nos damos un paseito por Las Canteras, la playa de Las Palmas. Muy agradable pero pasa rápido el tiempo. Ya nos recogen para ir al aeropuerto y volver a Madrid. Llego casi a las diez de la noche. Deshago maleta y a la cama por que al siguiente día vuelvo a tener guardia.

Como de costunbre pongo la alarma para 10 minutos antes de que empiece la guardia. Suena y me levanto. Pongo el volumen en el móvil. Pasado unos minutos tengo una llamada. Número largo otra vez. Esta vez para reemplazar a una compañera que se ha puesto mala en un vuelo. Pero sin prisas por qué me tienen que situar a Dublín.

Sin prisas pero sin pausa por qué esta vez tengo que hacer maleta para una semana entera y para clima de Dublín y EEUU. ¡Si! Volaré a Nueva York…casi…ya lo explicaré. Hago maleta, miro el pronóstico del tiempo, deshago maleta. No es igual hacer maleta para unos días en el Caribe que unos días con sol, viento y lluvia intermezclado en Irlanda. ¿Llevo dos maletas pequeñas o una grande? ¿Cuánto uniforme? Al final llevo una grande y una pequeña. Me siento cargada como una mula para no variar. Una vez facturada y esperando subir al avión ni me acuerdo de que he metido en la maleta.

Dublín me recibe con niebla y viento que traspasa los huesos. No veo el momento de llegar al hotel. Me olvido del paseo que iba a hacer cuando empieza a llover a cántaros también. Me quedo calentita en el hotel mejor.

Estudio el avión y el servicio que hay que dar. Me toca ir de jefa y eso requiere más preparación. He mirado quienes van en mi tripulación y no conozco a muchos, tampoco al comandante. El segundo si y quedo con el en el bar del hotel. También están otros de la tripu y así puedo presentarme e ir viendo un poco quienes vamos al día siguiente. Me parecen todos encantadores y enseguida estoy segura de que tendremos unos días entretenidos juntos.

Tiene su punto el no conocer a tus compañeros. No sabes como trabajan y si vas a tener algo que hablar con ellos. Muchas horas metidos en un tubo a 36.000 pies te hace compartir mucho en poco tiempo. El ir de paseo en destinos nuevos, vernos las caras cansadas al desayuno, entrenar juntos, perdernos por ahí, compartir anécdotas de pasajeros y de aventuras de viaje, risas y a veces lágrimas, todo en poco tiempo y días intensos crea vinculo y apego. Todos sufrimos el jet lag, sabemos lo que es ese cansancio y nos cuidamos entre todos. Este vínculo especial luego se ve reflejado en el trabajo en equipo.

Formamos tripulación durante tres días. Nos despedimos con la esperanza de coincidir pronto en un vuelo otra vez.

Yo me quedo y sigo volando con otros compañeros. Con ellos tengo la misma experiencia. En una semana llego a conocer como a 20 compañeros que no había ni visto antes. Me llevo nuevas amistades de vuelta a Madrid y me siento parte de una gran familia. ¡Qué bonito es mi trabajo! ¡Qué lindos son mis compis! Me siento muy afortunada.

El agua del río sigue su camino

Han pasado algunas lunas desde mi última entrada. Esto se debe a varias cosas. No me sentía muy inspirada para escribir aunque haya estado en sitios nuevos. Mi vida en una maleta se ha convertido en maletas al cuadrado…llego de un destino, meto la ropa en la lavadora y antes de que esa ropa esté seca ya estoy llenando la maleta otra vez. Tengo como dos o tres juegos de ropa para llegar y meter en la maleta. Así no me importa si en una vuelta no me da tiempo de lavar. Es un no parar. Sin parar no reflexiono. Sin reflexionar no escribo. Así de simple.

La razón más grande del no parar, paradójicamente, ha sido el fallecimiento de mi padre. Su hora llegó simplemente. Pude estar con el los últimos día y la verdad que tuvimos unos días muy lindos juntos. Nuestra despedida fue bonita y me llevo su amor en mi corazón. Luego ha sido mucho trabajo para vaciar su vivienda, vender cosas y encargarme del papeleo. Con el papeleo sigo de momento. No se hace de un día para otro. Como me voy fuera, trabajando entre medio, tampoco hace que vaya más rápido la cosa.

¿He aprendido algo? ¿Ha cambiado algo? Si y no. Como el río, todo sigue igual, la vida sigue su caudal. Pero el agua no es la misma aún que no veamos ninguna diferencia ni en el color ni en la fuerza del río.

En mi lo que más ha cambiado es la percepción de mi misma. Mi vida ha sido protegida y privilegiada. No he perdido a muchas personas cercanas, no me he visto en muchas situaciones que me hayan puesto a prueba. En los ultimos dias con mi padre me he visto con una tranquilidad y una fuerza que no sabía que tenía. Me he visto capaz de aceptar ayuda y consuelo pero a la vez he podido apoyar y consolar yo también. Creo que he sabido estar en cada momento de esos días. Como que me senté en una piedra al lado del río y sólo me aseguraba de que el agua podia seguir fluyendo. Todo lo de más era secundario. Realmente estaba presente en cada momento. Fue curioso sentir esa serenidad, esa entereza, en la mitad de tanta tristeza.

Me enseñó que tengo una familia preciosa que cuando mas hace falta está ahí como una manta calentita que protege del frío, como una pared cuando necesitas apoyo, como un recipiente para recoger las lágrimas. Ese amor incondicional que llena el aire de canción y ternura que en nuestros quehaceres del día a día puede pasar desapercibido. Esa melodía me ha quedado grabada y me la canto a menudo ahora.

He aprendido que la muerte no me asusta. Que realmente trae descanso y serenidad. Es lo único que sabemos que nos tocará en esta vida y es un llegar a casa, no un vacío desconocido. Estoy viviendo nuevos empezares que han salido de un cierre de cuentas, de un gran acabar. ¡Qué esperanzador! ¡Qué bonita es ésta experiencia que llamamos vida!

Salimos del invierno a la primavera. La vida brota por toda partes, imparable. Me dejo llevar, me dejo llenar de esa energía, de esa fuerza y alegría. Mi padre lo hizo así hasta su último momento. En eso sigo sus pasos.

Gracias por haber sido mi papi. Estoy orgullosa de ti y se que estas orgulloso de mi. Te amo Daddy.

Luna luna lunera

Cuando veo la luna nueva me hace pensar en el gato Cheshire de “Alicia en el mundo de las maravillas”. Siempre me saca una sonrisa.

If you don’t know where you’re going, any road will get you there. – Cheshire Cat

Comenté en mi entrada “Divagaciones” que no soy de tener propósitos de año nuevo, sino que suelo fijarme metas y propósitos cada luna nueva. Algunas metas son para cumplirse con la siguiente luna llena pero también dicen (los que saben, los que trabajan con los ciclos de la luna) que el cumplimento de las intenciones que fijas con una luna nueva corresponden a la luna llena 6 meses después. Por lo tanto no sólo miras a lo que quieres ahora si no también lo que quieres en un futuro cercano. Llevo sólo 7 meses con esta costumbre así que recién estoy pudiendo comprobar esto por mi misma.

¿Te suena a hocus pocus, woo-woo, tonterías? Bueno, lo que está claro y comprobado es que la luna nos afecta a nosotros como humanos, afecta a las mareas, afecta a las energías. Los campesinos llevan guiándose por la luna desde el comienzo del tiempo para sembrar y cosechar por ejemplo. Pero no necesitas creer en nada para hacer esto. Sólo querer organizar tus ideas y trabajar con metas para seguir aprendiendo o rendir y poder medir tus avances. Muchos se ponen metas diarias, semanales y mensuales como una forma práctica para ser más eficientes.

A mi personalmente siempre me ha fascinado la luna y por lo tanto es un buen momento/día para sentarme a visualizar lo que quiero para el ciclo nuevo y también lo que quiero para el futuro. Es un momento para reflexionar y evaluar. Empecé con esto como parte de mi auto terapia y sigue teniendo mucha importancia para mi. No es una rutina rígida. El día de la luna nueva y llena es el día donde busco el momento para mi. A veces son 20 minutos, tomando un té y a veces hago una meditación o yoga, a veces enciendo velas, me doy un masaje y estoy un par de horas conmigo misma. Si el día de la luna coincide con trabajo u otro compromiso puede que lo haga antes del día para así el día de la luna sólo volver a leer lo que tengo escrito. Eso sí, siempre apunto todo lo que me surge. A veces es una lista bastamte “vaga”: “Quiero aprender cosas nuevas”, “voy a comer sano”, por ejemplo. A veces escribo más específico: “Quiero estudiar Pilates”, “no tomaré alcohol este mes”. Esa nota la tengo a mano para recordarme durante el ciclo y también para poder ver en 6 meses lo que me había propuesto. ¿Que si cumplo? Con algunas cosas. También cambio de idea o de camino con el paso de los días. Eso es necesario a veces. Si te das cuenta que lo que pensaste en un momento era lo que querías pero luego vez que no, uno puede y debe cambiar de rumbo. O te has distraído y leyendo las notas te das cuenta y puedes retomar el camino.

La luna, es mágica para mi. Disfruto de su luz tanto como la luz del sol. Igual que tomamos sol, podemos “tomar luna”. ¿lo has probado alguna vez?

En las noches claras,

resuelvo el problema de la soledad del ser.

Invito a la luna, y con mi sombra somos tres. – Gloria Fuertes

Divagaciones

Que rápido pasa el tiempo. Ya hace un año que estuve en Chile. Hace un año estaba planeando mi aventura en Nueva Zelanda. Ahora estoy, aún que no estoy, en Madrid. Paso más días del mes en el Caribe que allí. Que no me importa por qué ando congelada siempre que estoy en Madrid jajaja

pero si que tengo ganas de explorar la gran ciudad, conocer rincones encantadores y aprenderme calles y barrios de ahí.

Las mudanzas y los cambios son estresantes aunque sean voluntarios y planeados. El estrés lo he notado un montón en mi pelo está vez. Me quedó muy graso aún que lo tengo seco y no tenía nada de brillo. En cuanto bajé las revoluciones y pasé unos días tranquila en mi nueva casa se empezó a arreglar. Estamos en fechas festivas que ya de por sí crean estrés. Pero este año me lo he tomado con mucha calma. Tampoco he comprado muchas cosas. Como mis horarios son diferentes a los de la mayoría he podido ir al centro en horas sin grandes aglomeraciones. Aun así encuentro que hay mucha gente jajaja ¡Bienvenida a la capital! El siguiente reto serán las rebajas. Necesito comprar unas botas de invierno y una chaqueta multiuso de invierno. Que sirva para cuidad y para hacer senderismo/aventuras varias. La sierra de Madrid promete😉

En navidad he pasado unos días en casa con mi madre y gata. Sobra decir que he comido para todo lo que queda del año ¿no? Que rica es la comida de navidad y más hecha por mi madre. Mis bollitos de Lucía quedaron muy buenos también. Es una receta sueca. Para el 13 de diciembre (Sta Lucía) siempre se comen. Llevo desde el año 2000 haciendo estos bollitos con unas amigas en Gran Canaria. Es una bonita tradición y a veces es la única vez en todo el invierno que llegamos a vernos todas a la vez. Este año no ha podido ser…pero yo si que los hice. No es navidad si no hay bollitos de Lucía.

En Madrid, en el día de Lucía, hice bollitos de canela en falta de azafrán que llevan los de Lucía. Fue una manera de pasar el día frío y nublado y me dio mucho ambiente navideño la verdad. Las velas y los villancicos ayudaron. Invité a un amigo sueco a un café con bollitos. Los dos disfrutamos como niños la verdad. ¡Que poco se necesita para estar a gusto!

Se acaba el año. Muchos hacen listas de lo que se a hecho y nueva lista para el año que empieza. Yo miraré para atrás para ver lo que he hecho pero deseos o metas nuevas las suelo fijar con cada luna nueva. Voy de mes en mes. Luego con cada luna llena miro a ver que he cumplido y que falta por hacer. Estas metas no son solo de cumplirse todas en el ciclo actual, son más de futuro, de 6 meses para delante. Por lo tanto también tengo que volver para atrás cada mes y ver que visualicé 6 meses atrás. Un ejemplo de meta que me puse ha sido el de no beber alcohol. Esa ha sido una meta de mes en mes. En estos dias he bebido vino y “snaps” (chupito sueco) con la comida navideña pero seguiré con el no beber alcohol. Me sienta muy bien.

El vino que compartimos en navidad fue un Rioja “Barón de Ley, Finca Momasterio” del 2010. ¡Increíble! Con mucho cuerpo pero con un sabor redondo y aterciopelado. El chupito es un agua ardiente noruega “Linie Aqvavit” que lleva en barrica transportada 2 vueltas al mundo en barco. Tiene un sabor muy especial. Que hayamos vivido en Suecia se nota mucho en estas fiestas. Hemos comido albóndigas, salchichas “príncipe”, jamón primero cocido y luego hecho al horno, arenque en salsa, pan oscuro sueco, mostaza sueca hecha en mi pueblo de allí, ensalada de remolacha con nata y manzana y “la tentación de Jansson” (papas y anchoas gratinadas al horno). De postre arroz con leche servido con una salsa de cerezas (salsa danesa). El toque chileno ha sido el “pan de pascua” hecho con una receta heredada de un tío. Nos saltamos el.”cola de mono” este año. Bebida hecha con leche, café, especias y vodka. Se sirve muuy fría. Es para chuparse los bigotes jajaja pero era demasiado ya. Sólo con el vino nos entraba un sueño tremendo a mi madre y a mi. La gata se pasa los días roncando sin ayuda ninguna jajaja

Me he desviado del tema y me está entrando hambre. ¿Cómo es posible? Volvamos a los propósitos del año nuevo. No tengo. Jajaja Que alivio es. Para la siguiente luna nueva tendré metas. Cae el día 6 de enero, el día de Reyes.

¿Te fijas en la luna? ¿Notas sus efectos?

Lo que es muy importante en mi vida es la música. No puedo estar sin música. Este año he descubierto mucha música nueva ya que he vivido muchas cosas nuevas con gente nueva. Las canciones me traen recuerdos de personas y sitios, momentos que han tenido significado. La música es como los olores. Pueden transportarnos en el tiempo a lugares lejanos o a revivir una sonrisa, la sensación de la brisa de verano en la cara en medio del invierno… cada año hago una lista en Youtube con la música que acompaña los eventos. Escucho la lista durante todo el año. Tengo listas desde el 2013. A veces necesito recordar los momentos o las emociones vividas anteriormente y vuelvo a las listas antiguas pero no lo hago muy a menudo. Lo que ha pasado, pasado está. No quiere decir que no haya canciones que se repitan pero suelen ser grupos/artistas que se repiten con otras canciones. Los años que “pasa poco”, que no salgo de mi zona de confort y descubro mundo, son listas más cortas. El del año pasado es una de las más largas que tengo. A ver si la del 2019 también se hace larga 😊

¿Cómo recuerdas el año que ha pasado? ¿Haces listas, álbumes u otra cosa?

¿Tienes propósitos para el año nuevo? ¿Los sueles cumplir y como lo vas revisando durante el año?

Holbox, México

Holbosch, como lo pronuncian los nativos, es una pequeña isla situada en el norte del estado de Quintana Roo. Tiene playas paradisíacas, selva baja-mediana y el pequeño pueblo. Todas las calles son de tierra/arena. Los coches están prohibidos y todo el mundo va en bicicleta, moto o carrito de golf o caminando.

Para llegar a éste pequeño paraíso fuimos desde Cancún en bus al puerto Chiquilá. 2.5 horas por carretera más o menos y si te logras dormir es buen momento para reponer fuerzas. Habiamos llegado la tarde anterior y con el jetlag y el vuelo en que trabajamos un montón, y que nos levantaramos pronto, estábamos todas cansadas. Nos vino de lujo. En el puerto salen los ferries cada 30 minutos. Llegamos justos. Visita al baño y ¡abordamos! La travesía dura 30 minutos. Casi no se vei la isla en el horizonte. Más que nada por ser muy bajita la vegetación. El mar estaba revuelto y de un color verde esmeralda opaco y se mezclaba con el verde de la selva.

¡Vamos pa’lla!

El sol no se decidía si salir o no. Pero la temperatura era muy agradable aunque con el viento luego nos daría un poco de frío. 2 días antes les habia tocado una tormenta del Norte y todas las calles tenían grandes charcos de agua. Vamos esquivando el agua e intentando no meter los pies en barro en camino a nuestro hostal “Corazoncito Mexicano”. Está “apartado”. Significa que está 4 calles más allá y a 10 minutos del centro. 🤔 Todo es relativo ¿no? El hostal son apartamentos, cada uno con puertas pintadas de diferentes modos y muy colorido.

Dejamos las cosas, nos pusimos chanclas y protección solar y fuimos a descubrir la isla. Como las calles estaban llenas de barro decidimos ir en carro-taxi directamente a la playa y comer ahí. Ya tendremos tiempo para recorrer el centro. Como el sol baja pronto, sobre las 18hrs, hay que aprovechar para ir a la playa Mosquitos.

Pedimos totopos y guacamole (¿como no?) y ceviche de pescado y marisco. Yo lo acompañé de un jugo de carambola. Buenísimo todo. Nos pusimos finas finas. Con energía repuesta nos vamos a pasear por la playa. Dejo que las fotos hablen por si solas.

Las chicas se sacaron 1 millón de selfies y vídeos para instagram y hubiesen seguido hasta bajar el sol si no les digo que ya estaba aburrida de tanto postureo jajaja fueron buenas y nos fuimos en búsqueda de un bar para tomar algo y ver la puesta de sol. Al final, el bar de donde se ve mejor la puesta estaba lleno. Se compraron sus cervezas y bajamos a la playa. Desde unas hamacas disfrutamos de la tranquilidad que siempre llega con el atardecer.

Las chicas habían estado en bikini pero yo lo encontré demasiado fresco. Al bajar el sol refrescó aún más y pasamos frío en el camino de vuelta al hostal. A la vuelta pasamos por el centro pero no paramos a mirar nada. El plan era ir al hostal, ducharnos y volver al centro para cenar y ver la vida nocturna de la isla.

Buen plan pero mi estómago decidió otra cosa para mi. La verdad que llevaba sintiéndome “rara” todo el día. Después del almuerzo me empezaron a dar calambres y retorcijones pero no les había echo mucho caso. Mientras ellas se fueron al centro yo me quedé paseando entre la cama y el baño. Más detalles no voy a dar. Creo que sabrán como es esa aventura.🤢

El día siguiente amaneció nublado y lloviendo. Yo ya había decidido volver a Cancún porque seguía sintiéndome mal. Las chicas, viendo que no aclaraba el día, también quisieron volver. Hay muy poca cosa para hacer si no hace día de playa. Queríamos ir a desayunar en el centro antes de ir al ferry pero estaba lloviendo y nos dice la chica del hostal que ningún taxi vendría a buscarnos por los charcos. Si se les rompe el carrito están vendidos y como estamos en zona apartada no se arriesgan. Ahora entiendo más lo de apartado… bueno, a caminar en la lluvia. No nos quedaba otra. Salimos a la calle y justo pasa un carrito-lujo. Negro y con 3 asientos atrás. El Mercedes de los carritos. Yo digo en voz media alta: “Nos podría llevar al centro”. El chofer da un frenazo y sale del carrito. “¡Claro que las llevo! ¿Dónde quieren ir?” Me oyó. Es Alberto, de Vallecas (España). Lleva en la isla 30 años. Es constructor y ha hecho el 90% de las casas de la isla (según el). Nos subimos y nos va contando como ha crecido la población y la construcción en la isla y entre medio saluda a todos que pasamos. Todo el mundo le saluda con su nombre. Nos invitó a comer pulpo a la gallega en su casa a medio día pero las chicas resistieron la tentación y decidieron seguir el plan de volver. Yo no iba a comer pulpo ni nada así que no fue difícil decisión para mi. Alberto nos dejó en el restaurante “Rosa mexicana”. Aquí tienen un desayuno tipo buffet con fruta, huevos a tu gusto etc. Yo disfruté de una manzanilla y 2 tostadas que no me sentaron del todo bien jajaja

Después de patinar entre charcos y barro hasta el puerto yo hice una visita estrategica al baño del puerto y estaba preparada para volver a abordar. El ferry nos dio entretenimiento en forma de un cubano con rastas cantando rancheras y canciones varias. Una vez en Chiquilá tuvimos que esperar 40 minutos por el siguiente bus con plazas. Pero lo aprovechamos para comprar comida y/o visitar el baño. Logré dormir casi todo el trayecto en bus. No hubo ninguna emergencia aunque me seguia dando retorcijones.

Llegamos al puerto y las chicas deciden ir al cine (ya que estában cerca…). Hay cines VIP que tienen butacas casi como camas y puedes pedir comida desde ahí mismo. Yo, obviamente, me fui directa al hotel sin pasar por ningún baño. Dormí un rato y luego intenté comer un poco de pescado blanco sin nada. Me fue más o menos. Después de una pausa probé el caldo de pollo del buffet y ahora me fue mejor. Contenta volví a meterme en cama. A veces todo lo que hace falta para sentirte feliz es un poco de caldo. Al día siguiente teníamos la vuelta a Madrid. Trabajando. Eso fue algo incómodo pero mis compañeros me ayudaron un montón. Ayudé en lo que podía con pequeñas escapadas al baño por supuesto. Una vez dado el servicio me encontraba agotada. Por suerte habían unos asientos libres y pude descansar ahí tranquilamente.

Una pequeña aventura que quedó inconclusa. Faltó ver más de Holbox y ver las otras playas. Yo quiero hacer SUP también por supuesto. A ver cuando podré volver.